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Quejas de bandoneón

Sin una ley patrimonial que los proteja, los emblemáticos Doble A, los instrumentos que son definidos como los Stradivarius de los bandoneones, están desapareciendo del mercado argentino.
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Por Marcos Caruso

La obra documental El Ultimo Bandoneón, del director argentino Alejandro Saderman, describe, en 90 minutos, las tribulaciones de Marina, una talentosa bandoneonista que debía reemplazar su instrumento por un Doble A, tal el nombre con el que se conoce al Stradivarius de los bandoneones, para poder entrar en la orquesta del célebre Rodolfo Mederos. Su búsqueda se torna desesperada porque no se fabrican desde los años '50.
El film, de 2005, es admonitorio, o bien relata qué sucede en el ambiente de la música porteña hoy: en la ciudad del tango es difícil conseguir un buen instrumento.

Tal como sucede con la identidad porteña, así como se pierden obras arquitectónicas invalorables y sólo se preservan algunas, además de la venta de fósiles, el Doble A también está desapareciendo.
El nombre del bandoneón proviene de su creador, Alfred Arnold, quien los fabricaba en su empresa fundada en 1911 en la ciudad alemana de Carsfeld.

La oferta y la demanda de estos bandoneones hizo subir sus precios a más de 2000 euros y muchos optaron por desprenderse de estas piezas que bien podrían inscribirse en el patrimonio porteño.
Los bandoneones que hoy se consiguen tienen más de 80 años, y algunos de estos instrumentos ya han pasado por las manos de algunos luthiers que hacen lo posible a su alcance para que sigan sonando al nivel que se exige en una orquesta de renombre.
Para algunos, en el extenso circuito tanguero de Buenos Aires tal vez haya sólo diez o quince bandoneones de primera calidad. Para otros, si se tiene en cuenta que se dejaron de fabricar a mediados del Siglo XX, en el país podría haber entre 50 y 60 mil instrumentos, un número muy superior a la cantidad de músicos en condiciones de ejecutarlos.
Para Horacio Ferrer, presidente de la Academia Nacional del tango y asociado a poderosos empresarios para desarrollar una fábrica de bandoneones, tener un Doble A "es un berretín. Muchos instrumentos fueron vendidos, pero no hay muchos músicos tocando. El interés es de los coleccionistas. Hay gente que tiene diez o doce bandoneones. En Noruega, un médico tiene una colección de 35 instrumentos, y Piazzolla me contó que había estado en la casa de un hombre que tenía cerca de 200 bandoneones".
El luthier Oscar Fischer señala que este interés no es actual. Tiene más de una década y recuerda cuando trabajaba en una casa de música: "Venían a comprar bandoneones y, si no les alcanzaban, alquilaban un vehículo especial para ir a comprar por el interior".

Luthiers y músicos coinciden en que será muy difícil conseguir que un bandoneón nuevo suene parecido a un legendario Doble A. también señalan que en diez años la cantidad de instrumentos aptos a nivel profesional no serán más que los dedos de las manos.
Justo esa figura: los dedos de las manos, los necesarios para que un bandoneón siga sonando.



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