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Las mesas de Borges
Amante de Buenos Aires, el escritor de cuya muerte se cumplen 20 años
tenía sus bares y restaurantes favoritos, que invitamos a recorrer en su
memoria
No fue amante de comer mucho, según se cuenta, pero Jorge Luis Borges
sí tenía sus sitios elegidos para un almuerzo frugal o un café con
amigos, intelectuales con los que debatía la cultura universal. Sin duda,
Georgie -como lo llamaban sus íntimos- se sentiría un tanto desalentado
si hoy pudiera volver a caminar las calles de la ciudad: cierta confusión
acerca del progreso parece haberse llevado gran parte de "sus lugares".
No obstante, algunos de ellos lograron ganarle la batalla a la escalada
urbanística:
1. En el restaurante Pedemonte (actualmente en Av. de Mayo 682),
Borges hacía gala de su sobriedad gastronómica con una porción de
pascualina de alcauciles, un clásico de la casa. El escritor y poeta
era un asiduo visitante de la casa fundada en 1890, tanto en su primera
dirección Rivadavia 619 como en el local al que se mudó en 1970 (Esmeralda
59).
2. Hoy se llama Café Café, pero en tiempos de Georgie
era el imponente restaurante de la estación ferroviaria de Retiro
donde se lo podía encontrar.
 3. En Boedo, lo esperaba alguna mesa del bar Homero Manzi,
hoy convertido en tanguería de corte turístico.
4. El Café Del Carmen, situado en la esquina de Paraná y Paraguay,
fue otro de los refugios céntricos del escritor de El Aleph.
5. En Barrio Norte, un distrito de la ciudad que descubrió de
la mano de su amigo Xul Solar, y volvió a recorrer junto a su
esposa María Kodama, unas décadas después, sin duda el pasaje
Bollini -al que le dedicó un texto en su Atlas, de 1984-fue
y será un reducto borgeano. Xul lo arrastró allí en los 30', por ser
un viejo punto de encuentro de los cuchilleros. Más tarde, compartiría
con Kodama unas espinacas a la crema en el restaurante La Dama de
Bollini, apenas dos años antes de su muerte en Ginebra, según lo
recordaba la dueña del lugar Cecilia Leoni de Hegui
6. El gerente del Gran Café Tortoni, Roberto Fanego, conserva
fotografías de Borges bebiendo una Indian Tonic Cunnington junto
a Julián Centeya y Carlos Mastronardi. Antes aún, había frecuentado
las peñas con Quinquela Martín, Alfonsina Storni, Leopoldo Marechal
y otros intelectuales de la época.
7. Té con leche y tostadas era el frugal desayuno elegido por Jorge
Luis Borges hacia finales de los 60', cuando visitaba la confitería
Saint James, en Córdoba y Maipú, hoy desaparecida.
8.
Ya en los años 70, por la tarde, el té borgeano era acompañado con bay
biscuits, según recuerdan en Bárbaro, el bar que el artista plástico
Luis Felipe Noé abrió en Tres Sargentos 415, en el barrio de Retiro.
9. En Once, el bar La Perla, en la esquina de las avenidas
Rivadavia y Jujuy, si bien ya no luce como entonces, fue testigo de
encuentros entre Borges y Álvaro Yunque.
10. Por último, la céntrica confitería Richmond, en Florida
468, no puede faltar si se trata de trazar la ruta de Borges en la ciudad
que amó hasta el espanto.
arriba
Borges' tables
A declared lover of Buenos Aires, the writer
dead 20 years ago had his favorite cafés and restaurants, which we invite
you to visit, in his memory
By Alejandra Rodríguez
I t
is said he wasn't a real eater, but Jorge Luis Borges had chosen some places
for a frugal lunch or a café with his friends, other intellectuals who debate
on universal culture. There's no doubt Georgie -as he was called in his
intimate circle-, would feel a little disappointed if he could walk the
streets of his city again: certain confusion about what progress means seems
to have taken away most of "his places". However, some of them won the battle
against the urban fever:
1. Pedemonte restaurant (at present
in Av. de Mayo 682): Borges showed his gastronomic sobriety: he
usually had a portion of artichokes' pie, the house's classic. The
writer and poet was an assiduous visitor of the restaurant founded
in 1890, at its both locations: the first one, Rivadavia 619, and
after it moved in 1970 to Esmeralda 59.
2. Nowadays is called Café Café, but
in Georgie's times it was the imponent restaurant of the train station
at Retiro, where Borges could be seen.
3. In Boedo, there was always a table
for him at the Homero Manzi café, which now is visited by
tourists in search of a tango show.
3. In Boedo, there was always a table for him at the Homero
Manzi café, which now is visited by tourists in search of a tango
show.
4. Café Del Carmen, located in the
corner of Paraná & Paraguay, was another refuge in downtown for
the writer of The Aleph.
5. In Barrio Norte, a district he
discover along with his friend Xul Solar, and then he visited
with his wife María Kodama, pasaje Bollini was and will be a Borgean
spot. Xul took him there in the 30s' because it was a meeting point
for cuchilleros. Later, he'd share with Kodama a dish of spinaches
with cream at the restaurant La Dama de Bollini, two years
before his death, as Cecilia Leoni de Hegui, the owner, used to
recall.
6. Café Tortoni (Av. de Mayo 829):
the manager, Roberto Fanego, keeps some photographs of Borges drinkina
an Indian Tonic Cunnington along with Julián Centeya and Carlos
Mastronardi. Borges also frequented the peñas as well as Quinquela
Martín, Alfonsina Storni, Leopoldo Marechal and other intellectuals
o f those times.
7. Tea with milk and toasts was the frugal
breakfast chosen by Borges when he visited the café Saint James
(Córdoba and Maipú), in the 60s.
8. And in the 70s, in the afternoon, Borges'
tea would be accompanied bay biscuits, in Bárbaro, a bar
open by the artist Luis Felipe Noé in Tres Sargentos 415, Retiro.
9. In Once, La Perla (Rivadavia
& Jujuy) was the café where Borges and Álvaro Yunque met.
10. Last but not least, confitería Richmond
(Florida 468) shouldn't be missed if one tries to trace the path of
Jorge Luis Borges in a city he loved to the fright.
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