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| Home page > Cultura > Magazine > Personajes / Characters |
Por Marcos Caruso
Una escenografía tan real y tan estable como las manchas de humedad que
insisten en colarse entre las grietas de las paredes levantadas en la
primera mitad del Siglo XX y que ya no pueden disimular su color verde
oscuro, en semicírculos deformes, como si fueran parte de las volutas
de humo de los cigarrillos de aquellos que junto al vaso de vino miran
por alguna de las dos ventanas esperando vaya a saber qué, en un silencio
que sólo rompen de a ratos, con un comentario ligero, corto, a veces superficial,
como para no quebrar la intimidad del otro. Acaso ahora estos parroquianos
acepten un poco más la presencia de extraños, o de mujeres (porque las
únicas mujeres que andaban entre las mesas eran Delfina, la compañera
del Chino, o cantantes y amigas milongueras del barrio), pero el vino
se sigue tomando en vasos y no en copas, las empanadas las sigue haciendo
Delfina, el corte de asado se elige al pie de la parrilla y sólo algunos
pueden llegar con su instrumento musical y ejecutar alguna pieza.
El tango conserva su pureza de arrabal en esa casa con puertas de madera, con dos ventanas, iluminada apenas, a pocas cuadras del descampado final donde la ciudad dice "basta" y se desdibuja en la desolación que termina en el Riachuelo. El bar es la vieja y típica construcción de a mediados del Siglo XX, a finales de 1930. Ya en la década siguiente los padres y hermanos de El Chino vivían allí y trabajaban en el almacén y bar que luego, con el paso del tiempo y como sucedió con otros despachos de la época, se convirtieron sólo en bares.
Y él, más allá de ser la figura central del bar, el cantante esperado, con su voz áspera y gastada a fuerza de trasnochadas y cigarrillos, convertido ya en Jorge El Chino Garcés, disfrutaba más atendiendo las mesas, la parrilla o el mostrador. Para él, Garcés era más apellido de cantor. El García lo dejó para los amigos del barrio que nunca abandonó, porque en esas calles, en ese bar, El Chino estaba seguro de algo: "Los mejores artistas, los mejores tangos, los mejores amigos, los mejores borrachos y el mejor perro los tengo yo". ![]() El bar sólo cerró una semana cuando Jorge García murió, hace dos años. Después, sus amigos decidieron que la leyenda continuara. Y al frente está Omar Lauría, un hombre respetado por todos por haber sido el compadre de El Chino. Es el que impuso que el bar siguiera siendo una familia, más allá de que artistas famosos o visitantes extraños hoy ocupen algunas de sus mesas. Quedó atrás la época en la que se llegaba por referencias inexactas, como por ejemplo "detrás de la cancha de Huracán, siguiendo la diagonal". Cómo llegar: Quien decida ir de noche para disfrutar
mejor el ambiente puede movilizarse con un automóvil rentado con chofer
y fijar una hora de regreso.
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