Renace el esplendor del viejo Phoenix

El hotel rescatado de las cenizas

Por Marcos Caruso

En su edición del 22 de junio de 1901 la revista Caras y Caretas publicaba el siguiente comentario: "...la fiesta que siguió a la celebración de la boda tuvo lugar en el Hotel Phoenix y fue concurridísima, asistiendo numerosas familias estrechamente vinculadas a las de Murray y Murphy, que casi forman un pueblo por sí solas, las de Duggan, Tormey, Carmody, Denehy, Espinosa, Dillon, Beyrne, Gahon, Mahon, Viale, Fox, Sperd, Nelson y muchas otras".
Doce años antes de esa boda allí se había celebrado la concreción del anhelo de los arquitectos Emilio Agrelo y Rolando Le Vacher: el edificio de estilo neorrenacentista italiano con influencias francesas, situado en la esquina de la avenida Córdoba y calle San Martín que completaba un área arquitectónica emblemática de aquella Buenos Aires.
Nacía el Phoenix, uno de los primeros hoteles de la ciudad, destinado a dar albergue a las familias inglesas, escocesas, galesas e irlandesas que después de una travesía en barco buscaban su primer techo en el país con promesas de futuro.
Era la imponente fachada del Phoenix la que se acuñaba en la memoria de aquellos inmigrantes, asomada en la barranca lamida por el río; era el cobijo de la lengua materna, y los primeros pasos sobre seguro en la tierra sin límites. También era la alternativa de volver a disfrutar los sabores característicos a través de los platos que salían de la cocina del restaurante Alexandra, que dejó su huella en la historia culinaria porteña.
El restaurante del Phoenix, denominado así en homenaje a la reina consorte del primer rey inglés del siglo XX, era en aquella época uno de los cinco mejores locales gastronómicos con platos británicos del mundo. Dicen los memoriosos que su roastbeef con Yorkshire pudding estaba a la altura de los otros cuatro restaurantes: tres, situados en Londres y uno en Hong Kong.
Transcurrieron las décadas y el tiempo se ensaño con la histórica manzana. Los locales comerciales de las Galerías Pacífico (librerías, tabaquerías, sastrerías, jugueterías y hasta las oficinas ferroviarias que estaban en los pisos superiores) quedaron vacíos. En las calles laterales también se vivió el éxodo: resistió el viejo teatro un poco más, y el Phoenix era ya un hotelito de precios acomodados y cuartos abandonados, despojados poco a poco de sus materiales y de su historia. Casi con la caída del siglo cayó el Phoenix. Y sólo a partir de ahí alojó basura. Como un reflejo de los '90, la miserabilidad también había hecho estragos en su esencia: sus armarios descomunales habían desaparecido, al igual que las pinoteas de los pisos, las mayólicas, los muebles y objetos. Cualquier signo de exquisitez, todo elemento de decoro, había sido arrancado.
Apenas le quedaban sus cuartos de gran altura, los cerramientos originales escondidos bajo capas de pintura y el incomparable patio, en ruinas, pero estructuralmente recuperable.

El renacer

Declarado patrimonio histórico de la ciudad, el viejo hotel se resguardaba de la piqueta. Luego de cinco años de abandono, el Grupo Fën (que en lengua mapudungún significa semilla) se hizo cargo del edificio por 30 años y comenzó a convertirlo en un hotel boutique.
El grupo, de capitales nacionales, ya tiene otros cuatro hoteles en Buenos Aires, dos en la Patagonia y uno en Pilar.
El equipo de arquitectos encargado de reconstruirlo trabajó cuidadosamente sobre el frente; recuperaron los balustres de balcones, los rostros de los atlantes que sostienen ménsulas y balcones hoy muestran sus barbas y ojos atormentados, y se replicó la herrería de los balcones franceses sobre las cornisas del tercer piso. Toda la carpintería de las ventanas -escondidas bajo capas de pintura- fue recuperada y hoy muestra su tono original.
Los solados de los balcones, que estaban cubiertos por pintura impermeabilizante, son de mosaicos miniatura como los que se usaron en el Convento de las Catalinas, situado a pocos metros.
El valor patrimonial del edificio se rescató con dedicación y cariño. Al cruzar el umbral, ese concepto histórico cambia sustancialmente y el visitante se enfrenta a un mundo tan actual como minimalista. Son dos estilos opuestos conviviendo sin problemas.
El énfasis está puesto en las proporciones de los cuartos, allí el glamour y la delicadeza no está en brillos ni en materiales caros, sino en la calidad espacial, los colores, las texturas, la manera en que entra la luz. Ese equilibrio es lo que lo hace más contemporáneo y elegante. Ni siquiera choca la altura de las puertas, originales, de cuatro metros de altura. Abrirlas es un lujo en sí mismo.
El local del Alexandra perdió su incomparable cielorraso, cubierto para esconder instalaciones, con la excepción de aperturas que permitirán ver los capiteles corintios. Sí estarán a la vista las marqueterías y el último hogar a leña del edificio, con hierro y mayólica azul.
Así, con 52 cuartos dotados del máximo confort, con detalles que definen que éste no es un hotel impersonal, hace un año abrió el hotel Esplendor.
El grupo que lo administra no eligió en vano ese nombre.
"Se llama Esplendor porque es una palabra que retrata un momento glamoroso, de luz; en las personas tiene un anclaje a un tiempo bueno, y también surgió por este edificio, que tiene algo muy esplendoroso. De este antiguo hotel pocas cosas originales han quedado. Gran parte de él fue desmantelada y en esa historia vimos señales del proyecto general", señalan.

The old Phoenix' splendor has reborn

A hotel rescued from the ashes

By Marcos Caruso

In the edition of June 22, 1901, the magazine Caras y Caretas quoted the following comment: "...alter the celebration of the wedding, there was a party at the Phoenix Hotel, which gathered many families bonded to the Murray's and the Murphy's, who almost make a town by themselves; the Duggan's, the Turkeys, the Carboys, the Denney's, the Espinosa's, the Dillon's, the Beyrne's, the Gahons, the Mahons, the Viales, the Fox', the Sperds, the Nelsons and many others".
Twelve years before the wedding, the dream of architects Emilio Agrelo and Rolando Le Vacher had become real: the building in Italian neo- Renaissance style, with French influences, located in the corner of avenue Cordoba and San Martin St completed the emblematic architectural area of that Buenos Aires. The Phoenix was born, one of the first hotels in town, created to host the British, Scottish, Welsh and Irish families after their journey by ship in search of their first home at a country full of promises for the future.
The imposing facade of the Phoenix briefly appearing at the gully lapped by the river was coined in the memories of those immigrants; it was the home of the mother language, the first steps on a land without limits.
It also was an alternative to enjoy the characteristic flavors at the restaurant Alexandra, which left a trace in porteños' culinary history.
The restaurant, named alter the consort queen of the first English king of the 20th century, was at those times one of the best five eateries with British food in the world. There still are some porteños who remember that its roast beef with Yorkshire pudding had nothing to regret to the other four restaurants, three located in London and one in Hong Kong.
Time enraged with the historical block. The shops at Galleries Pacífico (bookstores, cigar shops, tailoring, toys shops and even the train company's offices, located on the upper floor) were emptied. Lateral streets also lived an exodus: only the old theater resisted a little longer, and the Phoenix had already become a convenient hotel, with abandoned rooms, denuded of their materials and its story.
By the end of the century, the Phoenix fell down. And after that, it only hosted garbage.
As a reflection of the 90s', wretch had also produced ravages in its essence: the great wardrobes had disappeared, as the wooden floors, the majolica, furniture and objects. Any signal of good taste, any element of decorum, had been snatched away from the Phoenix.
It only kept the tall rooms, the original doors and windows covered by layers of painting, and the incomparable patio, ruined, but recoverable.

Rebirthing

Declared historical patrimony of the city, the old hotel kept protecting itself from the pickaxe. After five years of abandon, the Group Fën (fën in mapudungun language means seed) got in charge of the building for 30 years and began to make it a boutique hotel. The group, of national capital, already has four hotels in Buenos Aires, two in the Patagonia y another one in Pilar.
The team of architects in charge of the reconstruction worked carefully on the front to recover the balusters of the balconies; the faces of the atlantes that sustain the balconies now show their beards and tormented eyes, and, in the third floor, the ironworks of the French balconies has been retorted.
All the woodwork of the windows has been recovered and today it shows its original aspect.
The patrimonial value of the building has been rescued with dedication and love. Once one crosses the door, the historical concept switches and the visitor faces a world so modern as minimalist. Two opposite styles live in harmony together.
Emphasis has been focused on the rooms' proportions: there, glamour and delicacy are not in bright and expensive materials but in the special quality, colors, textures, the way light gets in. That balance makes it more elegant and contemporary. And cohabitates with the original doors, four meters tall. It is a unique luxury to open them.
Alexandra restaurant lost its incomparable ceiling, covered to hide installations, except for the openings that allow seeing the Corinthian capitals. But the old fireplace with iron and blue majolica persists.
Thus, with 52 comfortable rooms, with details that define it as a very personal hotel, the Esplendor hotel opened a year ago.
The managing group has not chosen the name in false. "It's been called Esplendor because it is a word that reflects a glamorous moment of light that has some splendor itself. A few original things of this old hotel have remained. Most of it has been dismantled, and in that history we saw signals from the general project", the new owners observe.




 
   


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